

Actividades
Entre mis actividades pasivas favoritas están todas las que se pueden hacer
desde una hamaca: leer, sestear, ver pasar la vida, observar pájaros, aves
marinas, gente, atardeceres, cielos estrellados, lunas llenas….
Otras no tan pasivas incluyen pintar, escribir, echar una partida de
ajedrez, dados, backgammon y otros juegos de mesa.
Y entre las
activas, sugerimos los largos paseos por la playa y el pueblo; una caminata
a los Siete Altares (unos 45 min. desde Flowas); paseos por los alrededores
a pie, en lancha, kayac o velero. Desde el muelle de Livingston salen
diariamente lanchas colectivas para Playa Blanca y Los Siete Altares.
También hay lanchas colectivas a los Cayos de Belice, salen del muelle de
Livingston hacia las 7 de la mañana y regresan a hacia las 5 de la tarde.
El viaje a los Cayos de Belice cuesta $75.00 por
persona, la inversión vale la pena, es una experiencia fantástica, como
nadar en un gigantesco acuario.
Garitour, un garifuna guía de turismo y capitán de lancha, hace excursiones
privadas a Barra de Manabique, una larga franja de tierra con aguas
transparentes y arena blanca que separa Guatemala de Honduras; Río y Playa
Cocolí, un recorrido que empieza adentrándose en la selva tropical por el
río Cocolí y termina en una solitaria playa virgen.
También vale la pena conocer río Sarstoon, Vuelve Mujer, el río Dulce su
cañón, lagunas y afluentes, y otros lugares de interés que puedes conocer en
una variedad de “excursiones a la carta”.
Si quieres, podemos organizarte clases privadas de español y/o garifuna, una
jornada de pesca, un taller de gastronomía garifuna o unas clases de
percusión.
La vida nocturna de Livingston es animada. Algunos bares tienen música en
vivo. Destaca entre ellos Ubafu, en la calle del Cementerio.
Fechas especialmente alegres y festivas: 1 de enero, 15 de mayo, 1 y 2 de
noviembre, 26 de noviembre, 12 de diciembre, 24 y 25 de diciembre.
Otra actividad sugerida es aprovechar la naturaleza multicultural de
Livingston para conocer mejor otras culturas.
Livingston fue fundado
hace algo más de 200 años por el pueblo garifuna. Los garinagu (plural de
garifuna) son un grupo étnico
transnacional, cuyas raíces se remontan a la isla de San Vicente, en las
Antillas Menores.
Es un pueblo formado por la fusión de varios pueblos:
caribes y arawaks a los que se fueron sumando, tras su primer contacto con
los europeos, individuos africanos que por algún motivo (naufragio, huida de
la esclavitud, etc.) se refugiaron entre ellos, aportando sus rasgos
genéticos y culturales. El garifuna nunca fue esclavo. Vivían en una
sociedad próspera y bien estructurada en San Vicente (Yurumein)
y comerciaban, negociaban e intercambiaban servicios con los colonos
franceses asentados en las islas vecinas. Durante
Lo que parecía una
acción para exterminar a este pueblo (el destierro impuesto) sirvió, tal
vez, para dar más fortaleza, cohesión y unidad al pueblo garifuna. De modo
que hoy, más de dos siglos después, su lengua, cultura, espiritualidad,
tradiciones y costumbres siguen vivas. Son, por cierto, el único pueblo de
las Américas con ascendencia africana que conserva su lengua y ritos
ancestrales.
A Livingston llegaron hace poco más de 200
años capitaneados por Marcos Sánchez Díaz. Se dice que hasta la llegada de
los garinagu estas tierras eran inhabitables. Había habido algún intento
previo de colonización, pero los insectos, las fiebres y otras plagas
acabaron con las vidas de aquellos pioneros. Marcos Sánchez Díaz, que hoy es
el máximo líder espiritual de los garinagu de Livingston, y que tenía
grandes poderes y conocimientos esotéricos, limpió el área de plagas y oró
rogando al mar y a la tierra que les permitieran quedarse y les dieran sus
frutos. Así fue.
Muchos años después
llegaron otras poblaciones a Livingston: los exportadores alemanes de café,
que tenían su aduana y puerto de carga en la boca del río Dulce; los
estadounidenses de United Fruit Company; los funcionarios hispanos
procedentes del interior de Guatemala; los trabajadores chinos e hindúes que
participaron en la construcción del ferrocarril del Atlántico; los mayas
k’eqchi’s, muchos de ellos llegaron huyendo de la recesión económica de El
Estor y alrededores cuando paró la extracción de mineral de sus minas; los
mayas cakchikeles,
tz’utujiles y quiche’s que empezaron a visitar
la zona como comerciantes ambulantes y posteriormente se instalaron
definitivamente; e incluso, más contemporáneamente, los “gringos” de
diferentes nacionalidades que hicieron de esta costa su hogar. Ellos y sus
descendientes, de todas las variantes genéticas posibles, forman la actual
población multicultural de Livingston. Salvo por los alemanes, de cuya
presencia sólo quedan un par de construcciones y el recuerdo entre los más
ancianos, todos los demás aún viven, conviven, festejan, se afligen, se
amistan y se enemistan entre ellos, como en las mejores familias.




